domingo, 28 de octubre de 2018

Burla llevadera (Basado en "Las joyas", de Guy Maupassant)





   Me llamo Hollande, y a mis sesenta años mal llevados, me enamoré como un colegial de Marie, veinteañera de hechuras de muñeca, poseedora de un rostro moreno claro que guardaba unos ojos color marrón aterciopelado, bordeados de largas pestañas y unos labios gruesos que al sonreír enseñaban una hilera de dientes blanquísimos con alguna imperfección que le añadían encanto. Todo enmarcado con abundantes cabellos oscuros primorosamente recogidos que al soltarlos se adivinaba que la cubrían hasta su cintura.
   “Soy casada, señor”, espetó al abordarla; lo dijo con un sí, pero no que invitaba al asedio. Descubrí su punto flaco: las joyas. “Conmigo tendrá usted las que quiera, además de dinero, claro”. “No sé si debo… no puedo, señor, usted es casado también”, argumentó.
   —Por usted, bellísima dama, me divorciaré y me convertiré en su esclavo.
   Su marido, llamado Lantín, era joven, tan feo como yo y de una vulgaridad atroz; funcionario con escaso sueldo. No entiendo a las mujeres, con tal de casarse no seleccionan; y más siendo tan linda.
   Intimamos. Pude comprobar que Marie, además de bella, era pudorosa con un encanto que parecía reflejo de su alma. Envidiado, disfruté y presumí de su compañía en el París de noche. Jamás me sentí más feliz.
    ¡Oh, Hollande! ¡Qué dirá mi marido, estas joyas valen una fortuna! –Marie estaba inquieta.
—Tragará, dile de que son falsas; te creerá a pies juntillas.
   Plenos de dicha Marie y yo, surgió un imprevisto: una enfermedad la llevó a la tumba en pocos días. Lo pasé muy mal; todas mis ilusiones rotas; en poco tiempo.
   A las semanas, volviendo a la rutina, reconsideré y me dí cuenta que había invertido mucho dinero en cortejar. Sentía un resquemor que me mortificaba de manera increíble. Pensaba en qué haría el simple del marido con aquella fortuna. Seguro que no sabría manejarla. Me propuse recuperarla; por lo menos las joyas.
   Lantín recibió una nota:
   Señor, reciba mi más sentido pésame por la muerte de Marie; sé que lo ha sentido mucho y también que ella le hizo a usted muy feliz. Supongo que habrá descubierto el equívoco de las joyas, usted siempre pensó que eran falsas. Voy directo al asunto; tiene usted que devolverme todas y cada una de las alhajas; invertí en mi felicidad y mi felicidad se ha ido. Puedo documentarle que su esposa tenía planeado divorciarse para casarse conmigo. En diez días, el veintitrés de los corrientes, pasaré por su domicilio y zanjaremos la cuestión. Le recomiendo facilite la gestión sin impedimentos. Caso contrario lo pasará usted mal, muy mal. En la jerarquía del estado ocupo un puesto alto.
   El día señalado, el mandatario, discretamente escoltado se presentó en la casa. Al llegar un cartel anunciaba: Pasen sin llamar. En la casa vacía, destacaba un sobre “Para su excelencia”.
   Excelencia:
   Muchas gracias por el margen de tiempo que generosamente me ha dado para el asunto de marras. Cuando lea esta nota, yo estaré lejos, muy lejos. Soy consciente de que he sido burlado,  pero con la fortuna conseguida, es llevadera esa burla; y más donde nadie me conoce.
   Si su excelencia lo tiene a bien, écheme un galgo.
                                                                                                                                           Lantín.

 Vicente Galdeano Lobera.

3 comentarios:

  1. Ya imaginaba que te gustaría Maupasant, no en vano vivió en otro siglo donde el talento y la imaginación cabalgaban con la corrección del lenguaje y la complicidad con el lector. Me ha gustado como en resumen eres fiel al francés,pero introduces de una manera explicita al forjador de la fortuna de Lantín, dándote la posibilidad de describir a Marie. Buen estilo como siempre, el idioma tratado con cariño y la construcción correcta. Un abrazo.

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    1. Gracias, José. Como ves, el nombre del mandatario no está puesto a voleo. Me dio inspiración uno reciente dedicado, como casi todos, a tener mantenidas de lujo con dineros del erario público. Pero sin la exquisitez empleada en tiempos del autor de "Las joyas". Un abrazo.

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  2. Gracias por iluminarme con el nombre del "romántico". Es un detalle en el que no había reparado. Debería haberlo hecho, sabiendo que casi siempre disparas entre "líneas".

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