lunes, 24 de septiembre de 2018

Manejos sucios







   Escuché un ruido y me escondí en el armario; por si acaso. Hice bien, al momento escuché la voz del nuevo alcalde acompañado del propietario del almacén, un rico constructor local. “¡Qué manejos tramarán éstos! Seguro que nada bueno”, pensé.
   Como antiguo empleado,  tenía llave y entré a tomar “prestada” alguna herramienta. Me vino justo para esconderme. Creyendo que estaban solos, hablaron coloquialmente.
   —Lo dicho, el diez por ciento para mí, Haremos el paripé de concurso a sobre cerrado, pero ya sabes que tienes la concesión de todas obras; para toda legislatura.
   Perplejo, al constructor le parecía excesivo el porcentaje. Le hizo saber al edil que su antecesor se conformaba con el tres por ciento.
   —Es que todo sube; ten en cuenta que la reposición de contenedores de basura y reciclaje la harás tú también…
   —Pero si los pusimos nuevos el pasado año…, razonó el albañil.
   —Tranquilo. Pueden sufrir incendio, que está muy de moda. Y el Carrascal, cuando vengan los calores, es probable que alguna tormenta lo queme también. La madera la explotarás tú. Y quizá sufra recalificación; supongo que no te agradará ver construir a otros. Esto es lo que hay –continuó-
Si no te interesa, hay otros deseando…
   El alcalde empleaba argumentos muy difíciles de rebatir. Los dos hombres perfilaron flecos y el asunto quedó zanjado. Se fueron.
   ¡Uf…! Respiré. Por poco me da algo. Al principio no me apercibí, pero al aclimatarse mi visión a la penumbra del armario empotrado, vi una rata muerta. No me senté encima de milagro. Salí pitando; sin afanar nada.
  Recordé parte del discurso de investidura del mandatario días atrás:
   ¡Compañeros y compañeras! Gracias por elegirme; habéis procurado una bocanada de aire nuevo a la población, cabecera de una fértil comarca que va a ser gobernada en nombre del pueblo, y el pueblo soberano nunca se equivoca. El equipo del ayuntamiento con su alcalde a la cabeza, seremos íntegros. En nuestro vocabulario eliminaremos la palabra robo; con buena intención podremos meter la pata; pero nunca la mano. ¡La comarca en poco tiempo no la conocerá ni la madre que la parió! ¡Ya está bien de chupar siempre los mismos! ¡Ahora nos toca a nosotros, al pueblo! ¡Viva la libertad!
   —No eres el más indicado para denunciar –me explicaron-, estabas fuera de juego y el juez no lo admitirá a trámite.


 Vicente Galdeano Lobera.

  

2 comentarios:

  1. Que bien leer lo que todos de alguna manera intuimos, pero no nos atrevemos a comentar en algunos círculos. Quede la cobardía para este lector y el agradecimiento al autor, que en su estilo, nos narra en 34 líneas, al menos dos argumentos:El currante que cree que lo que es de la empresa está bajo su decisión de cambiar de mano, y el alcalde, que es la encarnación del pueblo soberano. Una maravilla.

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    1. Mucas gracias, José; por leerme y por tus comentarios. Quizá convendría molerlos a palos a los dos... o a los tres, si me apuras. Sería una buena manera de quitarles el vicio tan arraigado que tienen. Y, al mismo tiempo, también un eficaz aviso a navegantes.

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