En la calidad de vida de las
personas, los sentidos –vista, oído, olfato, gusto y tacto– cobran importancia
esencial. Son todos importantes, pero quizá los más necesarios sean la vista y
el oído, que te pueden ayudar incluso a no meter la pata. Si no que se lo
pregunten a don Eliseo, que por descuidar estas facultades recibió una tanda de
palos.
Este don Eliseo, con la excusa de ser potentado, se consideraba con derecho a denigrar a todo dios; algunos tragaban por deber a don Eliseo algunos favores, claro, pero demostró poco tacto, sentido importantísimo, al poner a caldo a Pepón, el Zarrio –un mastodonte de andar torpe, con cuello corto integrado con la espalda y manos como mazas. Poco dado a las palabras y con muy malas pulgas–, nombrandolo como mendrugo y tontarra. Y de ahí para arriba. Pero, ay amigo, no vio al Macario, un alfeñique contrahecho que ejercía de primer correveidile local, salir disparado a dar novedades al Zarrio: Señor Pepón, acuda a la taberna, que hay una animada charla sobre usted –le dijo. El potentado seguía con su charla sobre Pepón, cuando Isaías, muy discreto, le advirtió: tenga prudencia, don Eliseo, acaba de entrar el Zarrio. A don Eliseo le fallaba el oído y tenía el sonotone sin pilas. ¡Ah! Gracias, Isaías, dígales a la Crescencia y a Rosario que luego las veré –eran dos beldades que se arrimaban al potentado de cuando en cuando. El gusto sí lo tenía bien don Eliseo, algo es algo–. Pero Don Eliseo iba lanzado y no había quién lo parara y a pesar de que el Zarrio era grande y se dejaba ver, no lo vio, y aún menos olió la que se le venía encima. Y eso que los oyentes, viéndolas venir, se retiraron un poco, por si acaso; es decir, don Eliseo, de olfato también andaba mal. Se diría que este señor estaba hecho unos zorros. Nada, con voz recia, don Eliseo continuó con insultos tipo que si Pepón es un cantamañanas, un tontolaba, que su mujer se la pega con el estanquero… y lindezas parecidas, sin notar que tenía al Pepón a dos metros.
De la tunda que recibió, don Eliseo anduvo escorado buena temporada. Y en los cambios de tiempo aún le muda la color.
Don Eliseo, con unas buenas gafas, un sonotone adecuado y visitar de vez en cuando al oculista, al otorrino e incluso al dermatólogo –por lo del tacto–, se hubiera evitado más de un disgusto. Ya aprenderá.
Vicente Galdeano Lobera.